De Romulo Sonatore
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Santi está en la sala de espera de una clínica. Hay muchas personas, teléfonos que suenan y luces que parpadean. De pronto siente que su corazón late muy rápido y que el mundo se acelera un poco. A Santi le cuesta respirar con calma.
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En su muñeca, una pulsera suave de color azul claro comienza a brillar. Es su monitor biométrico, un escudo invisible que lo conecta con su propio cuerpo. La pulsera siente que el pulso de Santi está acelerado y decide ayudarlo en silencio.
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Unos segundos después, el teléfono de Santi vibra con mucha suavidad. La vibración es corta, cálida y amigable, como una pequeña caricia eléctrica. No es una alarma, es una invitación. El monitor le recuerda que puede respirar despacio.
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Santi cierra los ojos un momento. Inhala por la nariz contando hasta cuatro, aguanta un poco y exhala suavemente. Lo hace dos veces más. Siente que su pecho se relaja y que sus hombros bajan. El monitor vuelve a vibrar, esta vez como una confirmación: "Estás bien. Sigue así."
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Cuando abre los ojos, la sala de espera sigue igual de ruidosa, pero Santi se siente diferente. Tiene un compañero invisible que lo escucha sin juzgarlo. Sabe que puede seguir adelante, un paso a la vez, con su escudo de calma en la muñeca.
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Al final del día, Santi guarda la pulsera con cuidado. La tecnología no lo interrumpió ni llamó la atención de nadie. Simplemente lo estabilizó cuando más lo necesitaba. Esa noche, Santi se duerme sabiendo que mañana tendrá su escudo listo para acompañarlo en el camino.